domingo, 22 de agosto de 2021
domingo, 15 de agosto de 2021
domingo, 8 de agosto de 2021
domingo, 1 de agosto de 2021
miércoles, 14 de julio de 2021
domingo, 11 de julio de 2021
domingo, 4 de julio de 2021
domingo, 13 de junio de 2021
domingo, 30 de mayo de 2021
domingo, 23 de mayo de 2021
martes, 4 de mayo de 2021
lunes, 3 de mayo de 2021
jueves, 29 de abril de 2021
jueves, 21 de mayo de 2015
Alianza del Pacífico.
La integración es clave para que las
naciones sean competitivas en la era de la globalización. El aprovechamiento de
las ventajas comparativas representa una necesidad en un mundo en que los
países están más cerca que nunca. Es por ello que la eliminación de barreras
arancelarias y paraarancelarias es
indispensable para que las naciones (y por cierto su población) no estén
dentro de los perdedores de la mundialización de los mercados.
Chile es un país que se ha abierto al
mundo rápida y profundamente, con acuerdos de desgravación arancelaria de
diferentes alcances y otros de naturaleza más global, como el acuerdo de
Asociación con la UE. No obstante lo anterior, esta situación de ventaja que ha
implicado para Chile la apertura, ha perdido importancia, ya que cambios
ideológicos han permitido que muchos otros países se abran al mundo, por lo que
las distancias se acortan y las oportunidades que crea la globalización se extienden a un concierto más amplio de
países, por lo que es necesario diseñar nuevas estrategias para que aumente el
crecimiento económico del país y, en términos más amplios, el desarrollo
nacional.
Por otra parte una política de
integración, más allá de lo meramente económico, da importantes oportunidades
de intercambio cultural, enriqueciendo a los países que entran en contacto.
Un aspecto muy importante en nuestro
desarrollo presente y futuro depende de nuestra relación con la cuenca del
Pacífico. Las economías más bullentes
del mundo se encuentran en la zona (en la costa asiática) y eso, sumado
a los más de 4000 kilómetros de costa que cuenta nuestro país, impone una
importante tarea a desarrollar, a saber, profundizar nuestros vínculos con el
Asia –Pacífico.
Por la talla de las economías del otro
lado del océano, es muy aconsejable realizar el esfuerzo de integración de la
mano de otros Estados con un interés preeminente en la zona[1] y una coincidencia
política básica.
En este contexto, la emergencia de la
Alianza del Pacífico representa un paso importante en el proceso de integración
regional.
Chile, Perú, Colombia y México, han
trabajado con relativa fluidez y han alcanzado niveles importantes de consenso,
por lo que el futuro es auspicioso.
No obstante lo anterior, la Alianza
tiene importantes detractores y enfrenta oportunidades que se pueden
transformar en peligros de disolución.
Un ejemplo de lo primero es la
desconfianza que genera en Brasil la emergencia de un bloque que puede
disputarle el control de la región suramericana.
MERCOSUR en su conjunto ha visto a la
Alianza del Pacífico como un proyecto que amenaza sus intereses.
Los países del eje bolivariano, con su
habitual retórica de sospecha de control hegemónico estadounidense, ven en la
Alianza del Pacífico un intento de subordinación de Sudamérica a los intereses de la superpotencia “imperialista”.
De todos modos es importante destacar
el intento de apaciguamiento que ha emprendido la presidenta Bachelet, quien
pretende que la Alianza del Pacífico se acerque al MERCOSUR.
En la ceremonia de titulación del programa de magíster de Relaciones Internacionales de CEAL de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, efectuada el 14 de agosto recién pasado, el
subsecretario de RREE manifestó el interés de integrar al MERCOSUR en 3 áreas,
a saber, libre circulación de personas, turismo y ciencia y tecnología.
Estos puntos parecen muy razonables y
ponen al resguardo al nuevo bloque del riesgo de frustrar el proyecto de
“integración profunda” a la que están convocadas las naciones que lo conforman.
Además la Alianza del Pacífico ha
superado cambios de gobierno en todos los países miembros, sin importar que
varios de éstos sean de un signo político distinto de aquellos que promovieron
su creación, lo que es alentador respecto del futuro de la integración regional
en torno a este bloque.
También es importante destacar que Panamá
y Costa Rica buscan integrar la Alianza y, como cumple ya con los requisitos de
ingreso, es probable que Canadá se integre, lo que añadiría una importante
economía al bloque, mejorando las perspectivas de consolidación de esta área de
integración profunda.
[1] “La Alianza del Pacífico tiene el
potencial de transformar cualitativamente el espacio regional en que nos
desenvolvemos en el comercio, la inversión extranjera directa, y las
vinculaciones de cooperación, con una marcada orientación hacia el desarrollo de
más y mejores relaciones externas del área de la Alianza, especialmente, pero
no exclusivamente, en dirección Asia-Pacífico”. Wilhelmy, Manfred. Alianza del
Pacífico: una visión desde Chile. Estudios Internacionales, vol. 45 n°175,
Santiago, agosto de 2013. Disponible en la World Wide Web en: http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0719-37692013000200006&script=sci_arttext. Recuperado el 5 de septiembre de
2014.
jueves, 4 de diciembre de 2014
Dos palabras sobre el conflicto en Ucrania.
Una
respuesta plausible al origen del conflicto ruso – ucraniano del último año y medio,
son los cambios políticos en Ucrania, tomando más fuerza después del golpe de
estado que afectó a Yanukovich, presidente con una clara política exterior
prorrusa. En este ambiente convulsionado producto del derrocamiento del
gobierno obsecuente a la voluntad de Putin, el mandatario ruso realiza una
jugada inesperada y osada pero, al mismo tiempo, muy bien calculada.
La
invasión a Crimea desde un punto de vista político fue todo un éxito para Putin,
ya que no sólo aseguró el predominio ruso en la zona, sino que su actuación ha
aumentado su popularidad de manera consistente[1].
Aunque con un costo en la imagen internacional difícil de dimensionar.
Por su
parte Ucrania perdió Crimea (al parecer de manera definitiva), y está ad portas de ser privada de dos
provincias más (y de hecho ahora son independientes).
Esta
primera aproximación es sólo parcialmente correcta, ya que no da cuenta que
este conflicto es manifestación de condiciones latentes de larga data, por lo
que constituye un capítulo más de un libro que está lejos de concluir y, la
única forma de lograr la paz, es a través de la búsqueda de elementos comunes
de entendimiento que parecen aún lejanos.
Tal como
afirma Henry Kissinger estamos asistiendo a un mundo Multipolar que, para alcanzar
el anhelado orden mundial, requiere un esfuerzo de las naciones por arribar a
ciertos valores comunes que permitan una convivencia pacífica, “una segunda
cultura”.
Este autor
afirma: “To achive a genuine world order,
its components, while maintaining their own values, need to acquire a second culture
that is global, structural, and juridical-a concept of order that transcends
the perpectives and ideals of any one region or nation. At this moment in
history, this would be a modernization of the Westphalian system infomed by
contemporary realities”[2].
Al parecer
el mundo está por el momento lejos de adquirir esta “segunda cultura”, no sólo
por el conflicto ucraniano que involucra de un modo u otro a los más
importantes actores del sistema internacional, sino que también por el
conflicto en Siria, enfrentamiento bélico en que participan fuerzas
multinacionales que intentan detener a un ejército irregular musulmán
manifestación de un peligroso panislamismo ¿Será este enfrentamiento el que
sirva como una respuesta coyuntural al conflicto ucraniano? En otras palabras:
¿La necesidad de que Rusia se involucre en la lucha contra el Estado Islámico
permitirá que Estados Unidos y sus aliados europeos bajen la presión que han
puesto sobre Rusia?
De momento es difícil adelantar el escenario
definitivo de la crisis, la que se puede desarrollar de formas muy diversas y
dramáticas, mucho más allá de las más de 4000 víctimas de este último año de
“guerra civil”, pero sí está claro que muy difícilmente Estados Unidos y Europa
se embarcarían en dos conflictos de gran escala a un mismo tiempo, y la
colaboración rusa en el Medio Oriente les puede ser muy útil y, de paso,
favorecería el término del bloqueo económico impuesto a Rusia, lo que dejaría
muy satisfechos a sectores empresariales europeos, especialmente italianos, que
prefieren un acceso sin restricciones a dicho mercado.
[1] Respecto a la popularidad de Putin después de la
invasión a Crimea, ver, por ejemplo, Ostalski Andrei. Los rusos que se oponen a
Putin por la crisis en Ucrania. BBC Mundo. Disponible en la World Wide Web en: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/03/140312_rusia_anti_putin_rg.shtml. Recuperado el 25 de septiembre de 2014.
Análisis comparado de la Guerra del Peloponeso y la Primera Guerra Mundial.
Es interesante el análisis
comparado de los conflictos escogidos porque tienen un elemento en común, que
por lo demás se repite en otras crisis de relevancia internacional que desembocan
en el involucramiento de las potencias del sistema, a saber, la política de
alianzas.
La política de alianzas tuvo
como consecuencia que conflictos de actores periféricos involucraran a las
grandes potencias del sistema.
Otra coincidencia que permite
explicar el escalamiento de la crisis hasta una guerra total, es el ascenso de
una de las potencias del sistema que amenazaban la estabilidad del sistema
(Atenas en el caso de la Guerra del Peloponeso; Alemania en el periodo que
precedió a la Primera Guerra Mundial).
Esta prueba, desde una
perspectiva neorrealista, tratará de evidenciar, a través del estudio comparado
de la Guerra del Peloponeso y la Primera Guerra Mundial, como la búsqueda de la
hegemonía de una de las potencias pone en peligro la estabilidad del sistema, y
cuál es la respuesta habitual de los otros actores, en especial las potencias,
frente a ese escenario[1].
Medio
Ambiente.
Desde un punto de vista
físico ambos conflictos no tienen similitudes evidentes, pero si hay un
elemento físico relevante en ambos
procesos de crisis, a saber, el mar.
Atenas era la primera
potencia marítima y su intención de control hegemónico del sistema que formaba
parte se fundamentaba en el control de los mares.
Alemania, debido al
pensamiento geopolítico del emperador Guillermo II, buscaba arrebatar el
dominio de los mares al Reino Unido, imperio que admiraba y, a causa de ese
sentimiento intento imitar y, finalmente, desafiar.
Rusia tenía un interés
marítimo no satisfecho que con sólo una guerra europea podría alcanzar. El
Imperio euroasiático deseaba tomar posesión de Constantinopla y, gracias a
ello, control de los estrechos[2].
De tal guisa que no se
pueden entender ambos conflictos sin acudir al mar como aspecto físico
relevante que, sin tener el mismo rol en ambos casos, si está presente en la
estrategia de las citadas potencias.
En el caso ateniense la
ventaja naval no impidió la derrota sufrida[3] y, por el contrario, la
desventaja naval de las potencias centrales (y su principal actor: Alemania),
si fue determinante en su derrota[4].
Principales
actores y sus intereses.
Ambos conflictos involucran
a las grandes potencias del sistema y a otros actores menores.
La Guerra del Peloponeso
enfrentó a la Liga de Delos, encabezada por Atenas, y a la Liga del Peloponeso,
liderada por Esparta.
Por su parte la Primera
Guerra Mundial enfrentó a la Triple Entente, compuesta por Francia, Reino
Unido, Rusia (que se resta del conflicto luego de la revolución bolchevique en
1917), además de otros actores menores (como Serbia y Túnez), con la Triple
Alianza compuesta por Alemania (potencia emergente del sistema), el imperio
Austro-Húngaro, el imperio Otomano y otros actores de segundo orden como
Bulgaria (Italia se incorpora en 1915).
Atenas era
la potencia naval de la época. La polis griega en que se había desarrollado la
democracia, una rica filosofía y un vibrante comercio.
Favorecida por su poderío
naval, la superpotencia de la Hélade organizó la Liga de Delos, que consolidó
su posibilidad de imponer las reglas del sistema[5].
Esparta,
polis griega monárquica y militarizada, para oponerse al ascenso ateniense, se
valió de la Liga del Peloponeso, alianza militar que en definitiva la
arrastrará a la confrontación directa con Atenas. .
Inglaterra a
fines del siglo XIX y principios del XX, al igual que Atenas en el siglo de oro
de Pericles en el mundo Heleno, había alcanzado el sitial de primera potencia
y, gracias a sus colonias y armada, tenía el control de los Mares[6]. Su mayor interés era no perder dicho dominio
y Alemania era una seria amenaza. Pero el hecho que arrastró a Inglaterra al
conflicto fue la falta de respuesta frente a la demanda británica de respeto a
la neutralidad de Bélgica[7].
Francia
también tenía colonias y se veía amenazada con el ascenso alemán, además de
tener un claro interés nacional en Alsacia y Lorena, regiones que había perdido
a manos de Alemania, así como también tenía una aspiración territorial en la
cuenca del Saare[8].
Rusia,
enemigo histórico de Alemania (y de Prusia en otra época), no podía permitir su
ascenso por motivos de seguridad y, por otra parte, una guerra europea podía
permitir su expansión territorial en zonas estratégicas[9].
Alemania
tenía un proyecto de hegemonía mundial, la Weltpolitik[10].
El
imperio Austro-Húngaro buscaba evitar la desintegración a
manos de los grupos nacionalistas de los países que lo conformaban.
Estados
Unidos ingresa a la “Gran Guerra” para reconfigurar el sistema
internacional a partir de principios idealistas[11].
Dada la multitud de actores
involucrados y la extensión de su compromiso en la guerra, se puede afirmar que
ambos conflictos comparten el rótulo de “guerras totales”.
Amenazas
a la estabilidad del sistema.
Las guerras totales
normalmente se asocian a otro concepto que es fundamental para comprender la teoría realista, pero que la sobrepasa, ya que
todo estadista, de un modo u otro lo aplica en la toma de decisiones, a saber,
el equilibrio de poder.
El equilibrio de poder,
principio de acción política, también conocido como “balance de poder”, es un
“principio orientador y categoría de análisis, tanto para quienes diseñan
políticas y negocian a nivel internacional, como para quienes cultivan
académicamente la política internacional”[12].
En el caso de la Guerra del
Peloponeso, la expansión del poderío ateniense, y el temor que provocó en
Esparta, hizo inevitable el conflicto. Se había roto el equilibrio bipolar
flexible.
Previo a la primera guerra
mundial, el mundo estaba dominado por potencia europeas (todavía Estados Unidos
no emerge como superpotencia del sistema), conformando un sistema multipolar
flexible, en una época en que el nacionalismo[13] estaba presente en sus
actores.
En este contexto Alemania
comienza a crecer con gran fuerza y, el espacio territorial que a mediados del
siglo XIX estaba fragmentado (compuesto por cientos de pequeños Estados), a
principios del siglo XX era uno de los países más grandes de Europa y con un
desarrollo económico y militar que amenazaba el equilibrio de poder.
Una idea similar se
desprende de la obra de Tucídides: “en virtud de una necesidad natural el
fuerte domina al débil”[14].
En ambos conflictos el
ascenso de potencias provocó un ambiente propicio para la “guerra total”, pero
la política de alianzas fue determinante en su inicio.
El asesinato del archiduque
Francisco Fernando en Sarajevo a manos del nacionalista bosnio Gavrilo Princip,
fue clave en el inicio de la “Gran Guerra”, sobre todo luego de la negativa
serbia a permitir a los oficiales austriacos investigar los complots de los
agitadores Pan-eslavos[15], lo que implicó el ataque
austro-húngaro a Serbia, que Rusia defendiera a Serbia y el ingreso de Alemania
en la Guerra en apoyo del imperio Austro-húngaro y, en definitiva, involucrar a
todos los grandes actores del sistema internacional.
En el conflicto pan-helénico
Atenas y Esparta se enfrentan luego de episodios en que concurren en auxilio de
sus aliados, específicamente en los asuntos de
Corcira, de Potidea y de Megara[16].
[1] En este sentido
Morton Kaplan, al describir las características de lo que denomina “sistema
internacional de la balanza del poder”, en la regla 4 señala que es una norma
esencial del sistema “oponerse a toda colación o actor individual que propenda
a asumir una postura una postura predominante dentro del sistema”. El mismo
autor dice que “la regla 4 queda ejemplificada por la Entente Cordiale”. Vid.
Kaplan, Morton. Algunos Obstáculos en la Investigación de Sistemas
Internacionales. Publicado por primera vez en International Political
Communities: An Anthology (Garden City, N.Y.: Anchor, 1966), pp.469-486. Versión
en castellano disponible en la World Wide Web en: http://biblio3.url.edu.gt/Publi/Libros/2013/Relaciones-ElpensamientoClasico/10.pdf. Recuperado el 6 de
ocubre de 2014.
[2] Bollen J. D.;
Cosgrove J.J. Two Centuries. A Profile of Modern History. Pitman Publishing,
Melbourne, Australia, second edition, 1985, p. 431.
[3] Incluso se podría
afirmar que la excesiva confianza en su poderío naval, empujó a Atenas a
despreciar aspectos estratégicos muy relevantes, principalmente en el empleo de
su infantería.
[4] La supremacía naval
británica favoreció el bloqueo naval alemán, privando a las potencias centrales
de alimentos y materias primas. “… until 1918, the two great alliances remained
almost equally balanced on land. The long deadlock on the western front was
proof of this. The decisive factor precluding the possibility of victory for
the Central Powers had been British naval power, which mantained an effective
blockade and defeated the German submarine campaing, though at times U-boats
came close to success”. Bollen J. D.;
Cosgrove J.J. op. cit., p. 428.
[5] “Durante las Guerras
Persas, Atenas se colocó al frente de los Estados griegos y llegó a ser la
potencia de la Hélade. Atenas,
valiéndose de su poderío naval, organizó la Liga de Delos que comprometió casi
todas las islas egeas y las ciudades griegas del Asia Menor. Atenas ejerció la
hegemonía sobre la Liga, esto es, comandaba la escuadra y administraba el
tesoro que se guardaba en la isla de Delos. Formándose así un vasto imperio
marítimo ateniense bajo su amparo. Atenas pudo desarrollar sus actividades
comerciales que hicieron fluir hacia la ciudad la riqueza de toda la cuenca del
Mediterráneo”. Krebs, Ricardo. Breve Historia
Universal. Editorial Universitaria. Santiago, Chile, vigésima primera edición,
2002, pp. 133 y 134.
[6] ‘Rule, Britannia!, Britannia rules the waves’ dice la
canción del siglo XVIII. Slogan que se hizo una realidad un siglo más tarde.
Para obtener información sobre la canción y su contexto histórico vid. Historic
UK. Rule Britannia. Disponible en la World Wide Web en: http://www.historic-uk.com/HistoryUK/HistoryofBritain/Rule-Britannia/.
Recuperado el 6 de octubre de 2014.
[7] “The british cabinet,
which had shown no inclination to go to war for distant Serbia, and was divide
don whwther to join Russia and France, was determined to uphold the neutrality
of Belgium since this directly affected Britain’s security and freedom of
commerce on the English channel. A demand to Germany that it respect Belgian
neutrality was not answered and Britain declared the war on 4 August, the same
day as the German army entered Belgium. Bollen J. D.; Cosgrove J.J. op. cit., p. 418.
[8] Bollen J. D.;
Cosgrove J.J. op. cit., p. 431.
[9] Vid. Nota 1.
[10] Se denomina "weltpolitik" a la nueva política
mundial iniciada por el Káiser Guillermo II al acceder al trono en 1888.Tras
apartar al viejo Bismarck de la cancillería en 1890, Guillermo II se lanzó a la
construcción de la hegemonía mundial de Alemania. En el corto plazo, esto tuvo
dos consecuencias: el alejamiento de Rusia, al no renovar en 1890 el Tratado de
Reaseguro, y el creciente enfrentamiento con Gran Bretaña provocado por la
competencia económica y los planes de construcción naval germanos.
Historiasiglo20.org. Historia de las Relaciones Internacionales Durante el
Siglo XX. Weltpolitik. Disponible en
la World Wide Web en: http://www.historiasiglo20.org/GLOS/weltpolitik.htm. Recuperado el 6 de
octubre de 2014.
10 Basta recordar la
agenda de los “catorce puntos” del presidente Wodroow Wilson. Historiasiglo20.org. Historia de las
Relaciones Internacionales Durante el Siglo XX. Discurso de los Catorce Punto.
Disponible en la World Wide Web en: http://www.historiasiglo20.org/GLOS/catorcepuntos.htm. Recuperado el 6 de
octubre de 2014.
[12] Allard N., Raúl.
Apuntes sobre Procesos Políticos en el Sistema Internacional. Año 2010. No
publicado.
[13] “Durante el siglo XIX
el nacionalismo se había convertido en una de las principales fuerzas del
desarrollo histórico. El nacionalismo había impulsado al pueblo alemán y al
pueblo italiano a luchar por su unidad política y había llevado a todos los
pueblos europeos a buscar por encima de todo la gloria y el poder de la propia
nación”. Krebs, Ricardo. Op. cit. p. 416.
[14] Gómez-Lobo. El
Dialogo de Melos y la Visión Histórica de Tucídides. Revista Centro de Estudios
Públicos N°44, año 1991, p. 261.Disponible
en la World Wide Web en: http://www.cepchile.cl/dms/archivo_1849_1266/rev44_gomez.pdf.
[15] Bollen J. D.;
Cosgrove J.J. op. cit., pp. 416 - 417.
[16] Vid. Tema 4. La
Guerra del Peloponeso. Disponible en la World Wide Web en: http://s392285829.mialojamiento.es/grec/matedoce/cultura/2bat/tcgrII/cultura/2bat/t4gpcausas.htm. Rescatado el 5 de
octubre de 2014.
sábado, 19 de julio de 2014
Bolivia: una demanda intimidante.
La
relación chileno-boliviana ha estado marcada por una conflictividad permanente
(al menos en estado de latencia) desde antes de la Guerra del Pacífico[1].
Pero esta guerra dio pie para una ardua lucha reivindicatoria boliviana, a
saber, la salida soberana de Bolivia al Mar.
Las
razones por las cuales Bolivia y Chile intentaron zanjar sus diferencias en los
términos que lo hicieron en el tratado de 1904 son ampliamente discutidos. A
primera vista pareciera ser que la compensación económica, el acceso a puertos,
la construcción de vías férreas (todos estos puntos habituales en tratados de
este tipo de la época), son una buena razón, además de una evidente
superioridad económica y militar chilena en la época (la que subsiste).
También
se puede argumentar que en la época existía una misma polaridad[2]
entre los gobiernos de la época (argumento afín al señalado a propósito del
tipo de tratados), lo que se refuerza en el hecho que las élites chilenas
controlaban las principales actividades económicas bolivianas a principios del
siglo XX.
Todo
lo anterior unido al hecho que Chile estaba ad-portas de celebrar su centenario en un marco de una
identidad nacional más o menos definida, en tanto que Bolivia estaba muy lejos
de conformar una nación (la que según algunos sólo nace con la guerra del
Chaco).
Desde
esta perspectiva se podría desprender un acuerdo entre las oligarquías chilenas
y bolivianas, lo que no resiste mucho análisis ya que la representación
política en la época coincidía sin matices con las élites empresariales de las
naciones (al menos en Suramérica).
Por
exceder los propósitos de este trabajo no me referiré a como se ha desarrollado
este proceso en el tiempo y saltaré directamente a la actualidad. En que Chile
es arrastrado a un proceso no querido en la CIJ, donde incluso ya reclamó la
incompetencia de dicho tribunal.
¿Este
escenario es diferente a otros? ¿Tiene Bolivia los argumentos políticos (o
quizás jurídicos) para obtener acceso soberano al mar a costa de Chile? En este
sentido ¿es una amenaza a la integridad territorial chilena?
Según
Thomas Schelling “los conceptos como
intimidación, guerra limitada, desarme y negociación se hallan en estrecha
relación con el interés común y la mutua dependencia que puede existir entre
los participantes en un conflicto”[3], desde esta perspectiva
¿Chile debe verse intimidado por la demanda boliviana?
A primera vista no, ya pareciera que no hubiese
un interés común ni mutua dependencia (más parece que Bolivia depende de Chile),
pero la respuesta es afirmativa, dado que es inevitable entender que la región
completa está ciertamente involucrada en el conflicto y esto debido a un
gradual cambio de polaridad, en que las redes de solidaridad han crecido y
Chile se ha quedado un tanto solo.
Creo importante ahondar en la soledad chilena y la
solidaridad hacia Bolivia como un elemento para considerar “intimidante” la amenaza
boliviana.
Chile,
como país vencedor de la guerra del Pacífico, ha buscado reparar el daño
producido a Bolivia, lo que incluso lo ha llevado a escenarios en que ha
prometido una salida al mar soberana para Bolivia si se dan ciertas
circunstancias, lo que no ha acaecido.
Chile,
con un poder económico y militar muy superior al boliviano debería “intimidar”
a Bolivia para que no incurra en conductas que atenten contra integridad
territorial chilena[4] pero… al parecer eso está
lejos de suceder.
Más
parece ser al revés, como si el ratón estuviese en mejor pie para comerse al
león, esto debido a que en un mundo con la complejidad actual, donde los
actores se comunican en tiempo real, en diferentes niveles y deslocalizados, es posible que determinados actores, que
parecen enarbolar banderas sin espaldas para hacerlo, obtengan inesperados
apoyos (aunque en el caso boliviano hay largo trecho que recorrer para saber si
la amenaza es realmente algo más que pura retórica y formalismos jurídicos).
Alguien
podría argumentar que, como el conflicto está en un canal jurídico, no es
necesario preguntarse por las amenazas de toda especie y dejar que la
“institucionalidad funcione”, pero me parece que esa lógica implica no
comprender que la dimensión política, en este caso como en tantos otros, impera
sobre la jurídica.
El
gobierno de Chile está bastante solo y apuesta (al menos en las declaraciones
de sus actores principales), a que va a primar la intangibilidad de los
tratados y, en segundo término, el que por tratarse de un conflicto resuelto
mediante un tratado anterior al pacto de Bogotá, está fuera de la jurisdicción de la CIJ, lo
que espero no sea más que una posición oficial.
En los hechos la demanda marítima (o más
precisamente la reivindicación marítima), está suscitando una solidaridad
internacional peligrosa para los intereses chilenos[5],
por lo que el gobierno de Chile debe prestar atención a dicha situación y
librar con mayor intensidad la batalla mediática y, de ser posible, reforzar
los lazos de la solidaridad con socios de la región. En este sentido Perú es
clave, ya que también tiene intereses comprometidos en la zona en conflicto y,
a su vez, está profundamente vinculado al devenir chileno, sobre todo desde un
punto de vista económico, por lo que nuevamente emerge la importancia de “La
Alianza del Pacífico”. Conspira contra el intereses chileno el hecho que, para
hacer política interna en Perú, al igual que el Bolivia, hay que atacar a Chile
pero, a diferencia de lo que ocurre en Bolivia, el sentimiento de admiración
hacia Chile es muy fuerte, lo que hace la polaridad juegue en este caso a favor
de la relación entre Chile y Perú, ya que sus sistemas político-jurídicos son
bastante afines. Además la reciente disputa territorial entre ambos países
requiere actos reparatorios urgentes, aunque quizás la prisa sea sólo chilena.
Deben
sumarse en esta estrategia más actores suramericanos pero no se debe descuidar
la polaridad, ya que Bolivia juega en un terreno que nunca le había sido más
favorable, por lo que los actores nacionales no se deben desgastar en tender
redes allí donde ya hay vinculaciones profundas comprometidas previamente.
[1] De
hecho la Confederación peruana-boliviana entró en guerra con Chile en 1837.
Vid. La Primera Guerra del Pacífico. La Guerra contra la Confederación Perú-
boliviana. Disponible en la World Wide Web en:
http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-639.html.
Recuperado el 16 de julio de 2014.
[2]
Polaridad entendida como acuerdo sobre normas, procedimientos e instituciones.
[3]
Schelling, Thomas. La estrategia internacional:
Una ciencia atrasada. Disponible en la World Wide Web en: http://www.eumed.net/cursecon/textos/2005/schelling-estrint.htm. Recuperado el 16 de julio de
2014.
[4] “La intimidación hace relación a la explotación de una
fuerza potencial. Su finalidad es la de persuadir a un enemigo en potencia de
que, por su propio interés, debe evitar ciertos modos de actuación” (Schelling,
op. cit.).
[5] “Según la prensa internacional, Venezuela, Paraguay,
Ecuador, El Salvador, Panamá, Colombia, Perú, Argentina, Uruguay, Brasil,
Nicaragua, Antigua y Barbuda, Dominica y San Vicente y las Granadinas
respaldarían la reivindicación marítima boliviana”. Mar: 15 países apoyan.
Radio Iyambae.com. Disponible en la World Wide WEn en: http://radioiyambae.com/sitio/index.php?option=com_content&view=article&id=1658%3Amar-15-paises-apoyan&Itemid=3. Recuperado el 16 de julio de
2014.
sábado, 5 de julio de 2014
Tradicionalmente se dice que “el riesgo país es todo riesgo inherente a operaciones
transnacionales y, en particular, a las financiaciones desde un país a otro”[1].
Pero este conecto económico no abarca la
realidad de un país, porque olvida uno de los aspectos más relevantes: la
política.
Es necesario generar modelos que se centren en
los aspectos políticos y sociales, esto a pesar de lo difícil que pueda ser.
Es cierto que esta dificultad se puede traducir
en un alto grado de subjetividad, esto debido a los campos a medir y la forma
en que se realiza su análisis. Pero esto se puede morigerar notablemente con la
pericia del analista, permitiendo a los decisores contra con una herramienta
fundamental.
Pero… ¿qué debería ser considerado? ¿Cuáles son
las tendencias?
Algunas de las tendencias para comprender los
fenómenos sociales son:
1- Los cambios demográficos. Hay una mayor esperanza
de vida y una más baja natalidad en Chile y otros países de ingreso medio, así
como también ocurre lo propio en países desarrollados.
2- Hoy existe una mayor heterogeneidad social.
3- Aumentan las demandas por mayor justicia
social.
4- La sociedad está informatizada.
5- La sociedad está inmersa en el consumismo.
6- Los medios de comunicación han avanzado
muchísimo en su nivel de penetración y trabajen tiempo real.
7- Hay países que han aumentado exponencialmente
su capacidad de desarrollo científico y tecnológico.
8- El trabajo en red y en tiempo real de los
movimientos sociales, misma estructura que asumen también las organizaciones
terrorista.
9- La presencia de economías emergentes y nuevos
liderazgos.
10- El fenómeno de las clases medias.
11- Los medio ambientalistas.
12- El problema de la disponibilidad de alimentos y
la crisis del agua.
13- La disponibilidad de energía también es un tema
actual.
14- Las amenazas asimétricas (terrorismo e
insurrección).
15- Las catástrofes naturales cada vez más
recurrentes.
16- La diversidad de necesidades y deseos producen
nuevos conflictos.
17- El crimen organizado.
18- El desarrollo económico y la equidad social.
19- La influencia de la sociedad civil ¿Más estado
o más sociedad civil?
20- El control social de la empresa privada.
Todos estos
temas (y otros muchos más), es importante considerarlos y ponderarlos, ya que
el decisor debe conocer el estado de la sociedad nacional e internacional para
decidir, la intuición puede ser severamente sancionada por la opinión pública,
precisamente por varios de los aspectos previamente mencionados (tendencias).
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